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Decídase y vaya al centro. Tome el subte en vez del colectivo para llegar más rápido. Al regreso también hágalo en subte. Una vez en la estación más próxima a su casa baje de la unidad y suba las escaleras que lo dejarían en la calle. En el descanso de la escalera tópese con esos niños pobres que les piden comida a usted y a los otros que van y vienen. Haga contacto visual con alguno de ellos. Enternézcase y pare o pare por sentirse demasiado individualizado. Llévelos a la pizzería de la vereda de enfrente de la estación. Compre tres porciones para cada uno de esos niños. Después llévelos a un quiosco y compre una botella grande de Coca Cola. Disfrute viendo cómo disfrutan los niños. Vea como todos saltan, incluso el que lleva la caja con la pizza. Escuche cómo se gritan cosas entre ellos y también a usted. Vamos, vamos, se enfrían, dame las mías, pará, ya las reparto, empanadas, señor, algunas empanadas. Siéntase genial por haberlos invitado, por ser el benefactor. Que de eso no haya duda. Véase en la calle con ellos como la pata y sus patitos. Una vez que tengan todas sus provisiones seguramente los niños se alejarán de usted para volver corriendo a la boca del subte. Usted quedará atrás. Piérdase la privada aventura de esos niños de llenarse la panza de milagro en un rincón de la escalera. No se detenga a pensar que Abandonaron a la pata. Pero encuéntrese solo de golpe. Y orgulloso. Fíjese si alguien lo mira y descubra que nadie lo sigue con la mirada. Entonces piense en esto: Nadie se fijó en mi acción. Vuelva a su departamento exhausto, después de todo eso de andar por el centro ruidoso unas horas.

Unos días después de lograr vivir ese episodio decídase a ir otra vez al centro en subte. Y también repita la operatoria al regreso. Vuelva a subir las escaleras hacia la calle y vuelva a ver a los mismos niños pidiendo comida. Logre que, esta vez, la masa de pasajeros se interponga entre usted y ellos. Baje la mirada todo lo que pueda. No intente reencontrarlos. Haga que ellos no lo vean. Siga de largo hasta la calle, anónimo, aliviado por la falta de compromiso.

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5 respuestas a 3

  1. Juan dijo:

    Cruel, si. Cruel como la intima realidad del urbano y miserable ser.

    • hacercosas dijo:

      Si. Es para pensar los dolores que uno tiene, un poco. Y pensar, en todo caso, qué con eso. Pero no nos entristezcamos demasiado, que puede ser un poco más de la nada misma. Abrazo, Juanchor.

  2. TheQueen dijo:

    “Nos alimentemos” viejo…con cara de aburguesados orgullosos de haber ganado la estrellita celeste de la “caridad” en El Juego de la Vida

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