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Tenga períodos en los que no haga nada. Deje pasar cuatro, cinco días en los que no haga nada. Y que esto se deba, no tanto a que usted sea demasiado perezoso, sino más bien a que las cosas que debiera hacer no le parezcan urgentes y entonces no le de ganas de hacerlas inmediatamente. En esos períodos también intente no poder dormir. Desvélese ordenando mentalmente actividades según prioridades y urgencias en virtud de las cuales debería poner manos a la obra al día siguiente. Al día siguiente no haga nada. Que la agenda mental se active siempre de noche. Dedique un tiempo a creer que la solución a estos desvelos es abandonar esa agenda de carne y hueso en la que se ha convertido y comprar una de papel. Convénzase de esto y vaya a comprarse una agenda. Agenda mediante tampoco duerma bien. Ni haga nada tampoco al día siguiente. Por la noche levántese cada media hora de la cama para anotar en la agenda la nueva idea que le viene a la cabeza. Así, que la agenda no rinda en sueños. Resígnese a recibir de buen grado la actividad nocturna de su agenda mental cuando entre en estos períodos de actividades superfluas.

Cuando sí tenga programas importantes tales como trabajos temporales, citas, etcétera, tampoco duerma bien. Que el desvelo, en estos casos, sobrevenga por excitación. Que haya una excitación intrínseca en usted producto de las actividades productivas. Llamemos actividades productivas a esas cuestiones que uno lleva adelante pensando que traerán consecuencias en algún sentido de la abundancia. Tener que ir a pagar la cuenta de la luz no cuenta, por ejemplo. Aunque pensándolo bien pagar la cuenta de la luz traerá más luz. Pero también piense a veces que no dormir bien puede deberse a que las ambiciones más personales respecto a lo que querría hacer no encuentran nunca oportunidades de ser hechas. Ambicione ser, por ejemplo, un gran empresario. Y que esto no lo deje dormir. No sólo eso. Mal dormido, al día siguiente, note la falta de fuerzas necesarias para comenzar a dar los primeros pasos de su carrera como gran empresario. Armese un círculo vicioso en el que gire y gire sin poder detener la rueda del insomnio.

Aún cuando crea que hay períodos en los que no hace nada, sepa que esa actividad nocturna, incesante y aleatoria -construyendo esa pretenciosa agenda mental- es hacer algo. Siempre que esté pensando en algo usted está haciendo algo. Piense en esto con zozobra. Pregúntese si no sería mejor estar emprendiendo algo antes que estar pensando en algo. No se puede ni realizar cosas todo el tiempo ni pensar cosas todo el tiempo. No se puede alcanzar un sueño si antes no se lo ha soñado quiero decir más o menos. Hay que combinar. Combine.

Recordar ahora aquella época suya en la que empezaba a tener sexo de algún tipo. Entienda que aquello sí era como vivir un sueño en sueños. Una experiencia sin fisura, puro bloque de vivencia virginal. Llamaremos virginales a las primeras experiencias por no haberlas soñado antes.

Suponer, en este punto, que los sueños -la esperanza- nacen del cruce de la vida presente de una persona con su vida pasada; de la relación que cada persona construye entre sus experiencias anteriores y su construcción de una idea de futuro para sí que se fijaría en el deseo personal de vivir más de eso que se vivió con bienestar en el pasado. Anote: El gusto personal es la naturalización de aquello que le ha tocado en suerte experimentar primero que nada, o sea, virgen de referencias y opiniones al respecto, o sea, iniciándose. Ahora suponga que -a lo mejor-, incluso de niño, en ese tiempo en el que no hubo tenido vivencias reveladoras todavía, su esperanza haya nacido de un cruce entre su pasado virginal de niño y su presente iniciático de niño.

Mejor rompa esta cadena deductiva de construcción de anhelos vinculada a sus experiencias pasadas. Pregúntese si de verdad cree que eso que se piensa como una identidad es la esperanza que algún día se forja o se quiebra por lo vivido. Deje de creerse un tonel con capacidad limitada para ser llenado si su respuesta es Si. Si, de lo contrario, su respuesta es No, alíviese todo lo que pueda y disfrute de su idea de hombre o mujer libre convirtiéndose en un otro -o en una otra- cada vez que un ciclo se le termina. Ahora bien, si prefiere permanecer sintiendo ese placentero sentido de la angustia en su aquí y ahora, deje en silencio el espacio de una posible respuesta y, sin más, piense que usted es el hueco que los sueños necesitaban para ser soñados. Cuando piense estas cosas, desvelado, siéntase un poco estúpido por haber comprado una agenda.

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2 respuestas a 7

  1. TheQueen dijo:

    “El gusto personal es la naturalización de aquello que le ha tocado en suerte experimentar primero que nada, o sea, virgen de referencias y opiniones al respecto, o sea, iniciándose.” CITA??

    • hacercosas dijo:

      No, no. Aunque, yo me documento, vos viste. A veces, un poco. Y de ahí algunas palabras académicas a lo mejor. Pero la cita es de acá. Nació acá. Es bloguera. De textito.

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