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Descubra los grandes títulos universales de la literatura. Aprenda los nombres de los que escribieron aquellos grandes títulos. Lea esos libros inmortales y entienda, aunque más no sea un poco, lo que dicen más allá de la tapa. Averigüe cuántos años llevan escritos esos pensamientos y sorpréndase del tiempo que hace que ciertas ideas superiores andan dando vueltas por ahí, y de cómo usted, recién ahora, se fascina con ellas a la vez que gran parte del mundo las sigue ignorando por completo. Entienda que el hecho de que usted haga su propio nuevo descubrimiento de una idea vieja refleja lo perdidos que están los pensamientos nobles en nuestra vida contemporánea. Deduzca de ello que esos libros hermosos con ideas enaltecedoras fueron escritos al mundo y a nadie en particular, lo que los vuelve inmortales precisamente. Imagine el esfuerzo que esos autores tuvieron que hacer para plasmar sus trabajos artísticos y reconózcales su merecida eternidad pos mortem. Respete y admire a los grandes. Fanatícese, de ser posible, con alguno de esos seres que pensaron más y mejor y lo quisieron escribir. Interésese por las vidas de esos autores. Lea sus biografías; la vida oculta de las efigies del buen pensar y del buen transcribir detrás de las obras reconocidas. Salga de su estupor descubriendo, detrás de esos seres consagrados, vidas tristes y desamparadas. Desilusiónese ahora con los vaivenes de la existencia por esos tipos que tuvieron alguna idea brillante y bien presentada en medio de una vida penosa y solitaria. Después de la desilusión con la existencia compadézcase por ellos, por sus destinos injustos, por todo lo que no pudieron disfrutar ni de sus siembras en vida ni de sus cosechas en la muerte. Sienta vergüenza de que justo usted tenga que compadecerse por ellos. Al fin y al cabo son ellos los que debieran poder sentir compasión por un ser como usted que no logra ni tener ni escribir ideas como las que ellos pudieron legarle. Para no ver comparada tan crudamente su perspectiva de producción creativa en la tierra ni su aptitud para la generosidad, mejor pase a sentirse un hermano de alma de esos seres condenados al reconocimiento eterno pero cuya vida en la tierra fue ingrata. Entonces -ahora sí- empiece a sentir una esperanza redentora para usted. Que, aunque más no sea, después de muerto, alcance a tener una vida reconocida -si bien, ya no por sus contemporáneos, no obstante sí por los próximos herederos del mundo-. Entonces póngase a escribir algo usted también, ya que su vida y la de los escritores célebres llegaron a parecerse en algo. Intente denodadamente escribir textos eternos y no logre nada. Llévese -como a usted le gusta- a una depresión espantosa y que eso dure años. Después de unos años autocompadézcase. Tenga piedad de usted. Y empiece a escribir apuntes cortos, desordenadamente, como quien no quiere la cosa y para recordarse.

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3 respuestas a 19

  1. TheQueen dijo:

    Felizmente no sufro de esa ansiedad avasallante de ser reconocida “ever after”. Soy más un sángano feliz de la genialidad de otros…que veo poco y debería ver más!! ;P

  2. shopping-one dijo:

    You’re truly right on this blog

  3. Ptt精华 dijo:

    Above all, a well executed read.

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