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Cuando tenga que acostarse temprano porque a la mañana siguiente deba cumplir con un compromiso, desvélese. A la mañana, mal dormido, sea totalmente inexpresivo. Que eso no ayude ni en particular ni en general. Entienda que esa es una característica suya: usted es inexpresivo más allá de cuánto duerma. Y esa desafección lo aparta del resto del mundo. Pregúntese por qué no cree en la realidad. ¿Tal vez porque comprende que toda vida en la tierra es malvada? Hay un punto en el que todo desamparo –hasta los auto-infligidos- se transforma en dolor. Inclusive al más melancólico lo deprime no verse incluido entre sus semejantes. Después del leve desánimo por comprender esto de usted mismo recompóngase; deje que se haga de noche y desvélese de nuevo. Esta vez no se quede solo en casa. Salga. Encuéntrese con sus compañeros. Haga sus mejores chistes de noche. Siéntase mejor. Y así olvide todo lo otro; de vuelta la tortilla, y empiece a pensar que tal vez eso que usted se adjudica como desventaja sea su mejor carta.

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