24

Salga a la calle a encontrarse con sus semejantes y compruebe que no hay mucho de qué hablar con la gente. A grosso modo comparta con ellos colectivos, películas en salas de cines, esperas en hospitales. Note que siempre se mantienen todos callados. Incluido usted. Comprenda que el mayor denominador común que logra tener con sus semejantes es el sufrimiento de unos calvarios comunes: el de lo público y/o el de lo privado. Observe que ni usted ni los demás tienen suficiente fuerza para festejar lo público ni tienen suficiente dinero para alegrarse por lo privado. Entiéndase en silencio con los suyos cuando han pagado una entrada para ver una película que resultó pésima; o cuando hay mucho tránsito y todos se encuentran atascados en el camino llegando tarde a la cita del día; o cuando, de madrugada, se encuentran en la sala de espera de alguna guardia de emergencias. Pero en ningún caso levante la voz, no arengue por derechos, ni nada que se parezca a correrse de ese lugar de hombre sosegado que, al fin y al cabo, le abre los brazos en este mundo. Sea agradecido por estar insertado de una u otra manera. Cuando haya chequeado esta realidad personal mezcle y de de nuevo. Confiésese cierto disgusto por tocarle justo a usted el anonimato del hombre común y logre ser fotografiado infraganti en esa clase de revistas que fotografían a los mejores. Haga un paréntesis para entender que justamente los fotografiados en las revistas no comparten nada de todo eso que usted si comparte hoy por hoy con los que ven a aquellos en el papel y los adoran. Su fotografía publicada será la confirmación de que su vida cambió. Es clave que usted logre esa fotografía. No lo olvide. Y que sea infraganti, es decir, de sorpresa, para que después no lo acusen de pretender alejarse de los suyos. Lo casual eleva mejor que el esfuerzo. A partir de entonces usted pasará a ser una de esas ensoñaciones que los hombres comunes ven despiertos. Algo alejado y encantador. A medida que va tomando forma en su cabeza esta perspectiva aristocrática de su propia vida vaya diciéndose que usted no tiene nada contra la gente. Sobreentienda que usted se refiere a todos: tanto a la gente que viaja en colectivo como a la gente que busca salir en las revistas. Pero que no le importe nadie. Aunque, tampoco exagere y llegue a pensar Los mataría a todos. No, no. No desbarranque en sus delirios de grandeza. Viva su perspectiva de futuro en soledad. Porque usted luchó para olvidarse de usted. Nadie lo va a acusar por eso. No es su culpa, efectivamente, que la gente que viaja en colectivo adore a los que salen en las revistas, ni que los que salen en las revistas quieran ser adorados por los que viajan en colectivo. En todo caso, que se arreglen entre los que le piden fantasías al insomnio.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s