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Que su destino traicionero lo abandone, y le entregue a cambio una historia de adopción. Adopte la historia que le toca vivir y deje de machacarse la cantinela de la cruel realidad. Viva su vida con sus años. Y con sus sentimientos. Parece un pedido estúpido, pero no lo es: hay quienes viven su vida creyéndose otro. Que ese no sea usted. Al contrario, logre que su vida afecte sus sentimientos y sus ideas. Que sea esta historia que usted vive como suya la que le de otra manera de comprender el mundo. Y que sea tanto el tiempo que haga que conviven que los haya hecho parecer la misma cosa.

Asuma que usted primero quiso una vida de éxito fácil y no otra cosa. No esta vida de túneles y espejos –por decirlo así-, en los que anda tanto a tientas, en los que se ve tan deforme. Que el recuerdo de haber querido ser otro le niegue la posibilidad de ser definitivamente éste que deambula. No sea usted el que se mira. Que sea su unión con su historia la que le haya dejado en las manos todo lo que ya no es. Sin embargo, que haya una idea, una sola idea de las de antes de todo esto; una que no lo abandone todavía. Una idea que lo persiga atormentándolo permanentemente. Que sea una idea simple pero cruel que le dicta; que sea eso exactamente: que le dicte lo que interfiere en sus nuevas cosas, en su vida de ahora; que le haga pensar: Yo tuve otra vida despojada de todo esto, una vida de sueños fáciles. No lo niegue. Si alguna vez fue niño o niña, usted tuvo una vida de sueños fáciles, de ambiciones de una pretensión radiante, preciosa, que cualquier adulto frustrado vería como el ideal de una mente estúpida, inadaptada.

Note ahora que todos estos años de olvido de aquellos sueños iniciales lo dejaron cerca de gente encantadora, de oportunidades que jamás hubiera buscado, y de amores, de viajes, de lugares, de palpitaciones que, a veces, se sientan tan fuerte que se parezcan demasiado a esas otras palpitaciones que usted sabe que tuvo por sus sueños fáciles antes de todo esto. Que su vida de éxitos fáciles haya sido desplazada por un destino de asombros para usted, como si fuera una historia ajena pero suya. Una historia de novedades para usted, de abismos y algún riesgo para usted. Que no sea un consuelo. De verdad, que no sea un consuelo, y que sea otra vida. La vida que usted no quiso y que le tocó en suerte, a pesar de haber querido un éxito fácil.

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