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¿Quién fue el que puso una cabeza donde tenía que ir su alegría? A machetazos sea otro. No se termina la noche porque se apaguen las estrellas sino cuando gire al sol. Voltear. Hacia otro lado. Dar la espalda un poco. O de a poco. Como pueda. No se sienta obligado a servirle más a sus protestas. Una volteada. Un giro sobre su eje. Y ya. Otro. Redondeando. Pegando la vuelta.

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