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¿Qué pasa?: ¿Decidió matar el tiempo y se le alargó? ¿Por qué no vuelve al cine? Seguro que algo nuevo ya se estrena.

Ahora bien, si usted no es tan cobarde como para seguir dedicándole toda su vida de vigilia a los pasatiempos, entonces siga leyendo. Usted tiene un complejo de inferioridad que le queda grande. Así es. Usted es mucho menos que aquello que a usted lo acompleja. Pero no se apene. Acá lo importante es llegar a usted mismo, sea lo que fuere que eso signifique. Así que, basta. Termínela. Reduzca sus posibilidades a lo que lo entusiasme y punto. Una vez demarcado ese camino, ocúpese de parecer aquello que quiere ser. Entienda de una buena vez que no le alcanza con hacer esto o aquello. Además de hacer usted tiene que parecer eso que hace. Imprímase el catálogo de gestos que dan objetividad a eso que usted dice ser. Entusiásmese con ese aspecto de profesional de su ser que le va a traer abundante clientela.

Llegó la hora de mostrar lo definitivo de usted. No muestre otra cosa que hubiera podido ser. Exprésese sólo como aquello que ya decidió que nunca más perderá de sí. Tenga las bolas suficientes: empiece a aceptar que usted ya no podrá dejar de ser algunas cosas. Sea abnegado con la puesta en escena de lo definitivo de usted. No escatime en léxicos ni en presencias, lo mismo que en silencios y en ausencias. Retírese de aquellos ámbitos que no le aporten notoriedad a su ser definitivo, y viceversa. Sea cual fuere el quehacer que usted elija imponer de sí, muéstrese un poco descontento con la importancia que el dinero tiene en nuestra sociedad. Ese pensamiento expréselo cada vez que pueda. Cuando un profesional adaptado se muestra dolido por injusticias humanas el contraste genera el drama necesario para llegar a ser una verdadera persona.

Sea un mayorista-minorista de sus afirmaciones de sí. No pare de venderse a todos y a cada uno, al mejor y al peor postor. Entrénese en eso. En tal caso, aproveche los peores postores para practicar su propia venta para que, llegada la gran oportunidad, usted ya sepa de memoria cómo hacerlo.

Además, haga una lista de compradores ideales para usted. Sea sincero en este sentido, tanto como cuando definió qué cosa perpetuaría de sí. Entienda que tanto la una como la otra son caras de una misma moneda.

Repasémoslo todo: Ocúpese de tener la apariencia de aquello que quiere ser. Sea usted su propia mercadería: elabórese, empaquétese y véndase. La clave del éxito sería que todo esto lo convierta en una persona espontánea.

Piense bien qué quiere: note con qué facilidad pone sus mayores expectativas en cualquier cosa. No sea necio a la hora de elegir un rumbo para su vida. Elija algo para lo cual tenga cierto talento, en algún sentido aunque más no sea. Pregúntese si no tendría que haber seguido jugando al tenis. Nada es poco a la hora de ser algo. Lo importante es que aquello que elija ser le de sed y hambre de triunfo. Tenga tanta hambre que se comería cualquier cosa. Con papas. Repase sus fantasías sobre usted mismo. Si no encuentra muchos amores no se alarme. Siempre vuelva al primer amor, si es que no tuvo otro. Vamos, arremeta de una vez con lo suyo. Llegó el tiempo de su presencia. Vamos. Arde Troya y usted sin pelo. Tome el toro por las astas: Peso que entre, pelo que compre.

Piense en el vestuario. El hábito hace al monje. Cuando un cura sale a la calle vestido de civil no es tratado como cura. Y así todo. Aprovecho para volver a decir –si es que no lo estoy diciendo por primera vez- que no todos mis consejos y sugerencias son altruistas. A veces me veo obligado a dar consejos de porquería. Presiento que éste es uno de esos. Pero no penetre en mayores sentidos sobre este párrafo. Más bien continúe adhiriendo a los anteriores y a los que sigan abajo.

Sepa que, a como vienen de persistentes los traumas, la vida tendría que ser un poco más larga. Lo verán nuestros hijos. Tal vez nuestros nietos. Mientras tanto no me salga con eso de que hacer carrera deshace deseos. Bla, bla, bla. Haga una carrera de su vida. Corra. Rápido. Nadie esperará nada de usted si usted no nos lo da por adelantado. Ame antes que nadie lo ame a usted. Si no sabe hacerlo, constrúyase ese mundo al cual amar y después constrúyase su propio personaje de amante. Ame a las claras. Y también a escondidas. Huya para amar, y publíquese amando. Dedíquele –ya le digo- sus mejores esfuerzos a todo esto y recibirá la recompensa. Alguna. Una. La de ser alguien. Naturalizado. Ni más ni menos. Una persona enmarcada en la vida compartida. La que es mirada por los otros. Y la felicidad lo colmará.

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